¿A quién quieres más, a mi hermano o a mí?

Ante esta pregunta generalmente los papás responden que a todos quieren igual, pero eso no es verdad.

¿A quién quieres más, a mi hermano o a mí?

¿A quién quieres más, a mi hermano o a mí?

Por Elena Roger Gamir, tomado de solohijos.com

Velázquez, Picasso o Van Gogh son tres pintores consagrados con estilos totalmente diferentes. En cada una de sus obras el espectador admira aspectos diferentes: creatividad, sentimiento, realismo, técnica. Cada cuadro tiene un valor por sí mismo y es imposible compararlos entre ellos. Cada obra es valiosa por aspectos diferentes y cada uno de nosotros admirará los cuadros desde perspectivas distintas.

De la misma manera no podemos querer a los hijos a todos por igual. Cada hijo es una obra de arte. En cada uno de ellos hemos puesto expectativas e ilusiones diferentes. A cada uno lo sentimos de forma especial por ser distinto a los demás y por eso a cada uno se le debe amar de forma personal y única.

Quererlos a todos igual sería injusto para ellos. ¿Qué pasaría con aquel hijo que da más problemas? ¿Aquél que es más movido, que comete más errores o que tarda más en aprender? ¿Lo querrás menos por no ser igual de fácil que los demás? ¿Aquél con quién tienes menos empatía o con quién es más difícil comunicarte?

Es normal quererlos de manera distinta, ni más ni menos. Se trata de un cuadro diferente a los demás, pintado con un estilo y técnica distinta, que debes admirar desde un punto de vista adecuado.

Da un amor único a cada hijo y no un amor igual.

Los hijos tienen necesidades diferentes: no trates a todos por igual. Uno necesitará más besos y caricias que otro; uno puede requerir más dedicación por tu parte o más flexibilidad.

No les compres siempre a los dos las mismas cosas o por el mismo valor, ni hagas con los dos siempre las mismas actividades. Compra un día un libro a uno y otra semana unos lápices a otro. Ve con el primero a la biblioteca una semana y la siguiente quédate con el segundo a jugar a solas en casa.

Cada día dile a tu hijo algo bueno de él: “hoy has sido generoso con tu amigo”; “gracias por ese beso sorpresa que me diste antes”; “esta mañana te has despertado muy alegre”. Cualquier hecho del día a día que les haga sentirse valorados y tenidos en cuenta.

¿Y si te pregunta a quién quieres más? ¿Qué le dirías?

A todos los quiero diferente porque cada uno de ustedes es único para mí. A tu hermano lo quiero por su alegría y su buen humor (añade todas las cosas buenas que te gustan de ella).

A ti te quiero por tu sensibilidad y tu buen corazón (añade sus puntos fuertes). A cada uno lo quiero de manera distinta porque los dos son especiales para mí y los siento de forma especial a cada uno.

¿Qué decirle si se siente la oveja negra de la familia?

Te quiero mucho, muchísimo, y me gusta cómo eres. Es cierto que hay cosas que debes mejorar como (gritar, pegar, insultar o lo que creas que deba cambiar). Eres un niño y estás aprendiendo. Equivocarse es bueno y eso hace que poco a poco te hagas mayor.

Pero además tienes un montón de cosas que son maravillosas: eres cariñoso, alegre e inteligente (añade sus aspectos positivos). Eres especial para mí y te quiero con locura, hagas lo que hagas, y aunque a veces me enfade contigo.

Te quiero porque no hay nadie como tú en todo el mundo. ¡No cambiaría nada de ti!

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