Los Menonitas de Zacatecas: De Migrantes a Empresarios Exitosos

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Los Menonitas de Zacatecas: De Migrantes a Empresarios Exitosos

Por Alfredo Valadez Rodríguez

Campos MenonitasMIGUEL AUZA, México. De piel blanca, cabello generalmente rubio y ojos azules, los menonitas llegaron a América en 1921 huyendo de la “modernidad” y de las disposiciones civiles obligatorias en su lugar de origen: La frontera de Alemania y Holanda. Se establecieron en Canadá, luego se extendieron a Chihuahua y en 1964 a este municipio zacatecano.

En un territorio de 17 mil hectáreas, los menonitas constituyen un “municipio dentro de otro”. Convienen en reconocerse públicamente como mejicanous, aunque en la práctica no lo han sido; su lengua de uso común es el alemán, la mayoría no habla español; tampoco juran lealtad a la Patria y la Bandera mexicanas. Eluden la educación básica y obligatoria, están exentos del servicio militar e ignoran el Himno Nacional.

Los dichas, como ocasionalmente se designan, no se “mezclan” y cuidan estrictamente este aspecto. En esta región han desarrollado un verdadero emporio económico y aprovechan a cabalidad los programas gubernamentales de apoyo al campo. Su cultura es el trabajo.

Algunos poseen credencial del Instituto Federal Electoral (IFE) o tarjeta del Instituto Nacional para Adultos Mayores (Inapam). Lo mismo solicitan recursos del Procampo, como permisos para la perforación y equipamiento de pozos ante la Comisión Nacional del Agua; apoyo de la Sagarpa para importar ganado desde Nueva Zelanda que gestionan la instalación del tendido eléctrico a la Comisión Federal de Electricidad.

Cobijados por su gentilicio, menonitas, y por su sencilla vestimenta -overoles de pechera y sombrero texano los hombres; vestido de falda larga las mujeres- han sido acogidos por los demás habitantes de Zacatecas pese a que no hablan mucho. Cuando algún curioso -los mexas, como se refieren a los nativos del país- les preguntan ¿y ustedes de dónde son? hacen una mueca de enfado para responder en mal castellano: “Somos mejicanous”, y cambian la conversación o se retiran apresuradamente.

Ubicada unos 200 kilómetros al noroeste de la capital de Zacatecas, en el municipio de Miguel Auza, la comunidad de La Honda está asentada sobre una superficie de 17 mil hectáreas, dividida en 24 gigantescos polígonos denominados campos. La población de esta comunidad, fluctúa entre los 5 y 6 mil habitantes.

POLÍTICAS RÍGIDAS

Tienen una organización social simple, con una estructura política y religiosa vertical, rígida. Existe un jefe político general, así como un jefe local en cada uno de los 24 campos. Paralelamente hay un jefe religioso con carácter de obispo, así como varios ministros o sacerdotes. Todos juntos, jefes políticos y religiosos, conforman un cónclave donde se toman las decisiones generales para la comunidad.

A principios de la década de los 90, se dice en la región de Miguel Auza (porque ellos son parcos al respecto), ocurrió un conflicto interno que derivó en un rompimiento parcial de sus tradiciones: Se determinó aceptar el uso de máquinas y adelantos tecnológicos en la producción agrícola y pecuaria, algo que la religión menona prohibía.

Derrotado, el obispo que encaró aquel “sacrilegio” optó por emigrar del lugar, junto con un grupo fiel a sus preceptos, para asentarse en Campeche. Los que quedaron aquí dejaron atrás el uso de vogies jalados por caballos, para dar entrada al uso de camionetas, tractores, sembradoras, cultivadoras, luz eléctrica, refrigeradores, televisiones y hasta computadoras.
APERTURA TECNOLÓGICA

Además, determinaron abrirse al mundo y aceptar y gestionar apoyos gubernamentales destinados a los productores rurales. Así fueron creciendo en forma excepcional diversas empresas, como fábricas de queso y maquinaria agrícola, de tal forma que hoy venden sus productos incluso en el extranjero.

Cornelius Dick Thiessen, director general de la empresa Lácteos Tres Estrellas -la segunda quesera más importante de La Honda, sólo superada por la compañía Pomas-, accedió a hablar con La Jornada sobre su historia de éxito económico, que se debe a que “aquí normalmente toda la gente trabaja en el campo, desde los jóvenes hasta los grandes. Ese ha sido el éxito de salir adelante. Hay bastante trabajo, hay disciplina; aquí la gente está dedicada al campo”. Explica que en La Honda existen 5 mil hectáreas de agostadero y unas 12 mil hectáreas más dedicadas a la agricultura. De éstas, unas mil 500 hectáreas son de riego y el resto de temporal.

Cornelius Dick lo explica así: “La ruptura de la tradición para aceptar los adelantos tecnológicos en los procesos agropecuarios, fue para que pudiéramos salir adelante un poquito más rápido, para que no hubiera necesidad de tanta migración, más facilidad de hacer vida aquí”.

Apenas en 2004, la comunidad se organizó para importar desde Nueva Zelanda unas 5 mil vacas lecheras de la raza Holstein, con apoyo del Gobierno mexicano, que les facilitó recursos de la Alianza para el Campo.

Buen número de esas vaquillas fueron para Lácteos Tres Estrellas y para Pomas.

nullEn La Honda el hato ganadero lechero es de unas 12 mil vacas productoras que generan aproximadamente 150 mil litros diarios de leche. Pero ese volumen es insuficiente para los requerimientos de la comunidad menona, que produce diariamente alrededor de 40 toneladas de queso.

Por ello, indicó Dick Thiessen, “en la actualidad se está importando leche de otros estados, de la Comarca Lagunera, de Delicias y hasta de nuestros paisanos de Cuauhtémoc, Chihuahua (donde existe otra comunidad menona)”.

El queso de Lácteos Tres Estrellas se comercializa en las tiendas de Sam’s y S-Mart en toda la frontera. Con Wal-Mart, apunta Dick, “todavía estamos negociando”. Pomas -que dirige el inaccesible John Brown- y Lácteos Tres Estrellas tienen su propia flota de tráileres y camiones de carga con frigoríficos para el transporte de su línea de productos, que incluye yogur, cremas, mantequilla y requesón, entre otros.

Además, los empresarios queseros poseen enormes superficies de cultivo, donde producen forrajes para sus granjas lecheras. Todo en el mismo lugar.

Contra lo que algunos piensan en el exterior, aquí no hay un reparto equitativo de la riqueza que se produce. Unos cuantos son dueños de las tierras y pagan bajos jornales a sus propios correligionarios menonas. También emplean a unos 250 mexicanos en diversas labores, como el cuidado y ordeña de vacas.

En cada uno de los 24 campos menonas hay sólo una escuela primaria. Este grupo tiene su propio sistema educativo, sus libros de texto, las bases de la aritmética y la geometría, la historia de su pueblo… Y la Biblia. Todo en su idioma.

Piensan que en el sistema educativo mexicano “se pierden muchos años estudiando en lugar de trabajar”. Sólo un pequeño grupo de los niños de La Honda acude a la escuela. A muchos, sus padres les enseñan lo que consideran conveniente en su propio hogar. Además, al cumplir entre 12 y 13 años dan por terminada su formación educativa para integrarse de lleno a las labores, los hombres en el campo y las mujeres, en el hogar.

Pero la reciente apertura a la tecnología comienza a sentirse en el ámbito escolar. En el Campo número 1 está la única escuela en 17 mil hectáreas a la redonda, donde por vez primera, se imparte “un poco de español” y la educación se extenderá al nivel secundaria. Claro, con su propio sistema y asignaturas.

“VIVIMOS COMO DICE LA BIBLIA”

Aquí el maestro German Vander describió algunos aspectos de su sistema educativo. “Nosotros no aprendemos en la escuela nada sobre la evolución. Esa es una gran diferencia. Seguimos aprendiendo nuestro idioma. Lo más importante es que vivamos como nos dice la Biblia.

“Nuestro deseo es que no vayan a entrar vicios como el alcoholismo y las drogas, pero bien sabemos que sí hay personas que están en eso; entonces nuestro deseo es ayudar a los niños.

“Tenemos algo de historia, sabemos aunque sea poquito de historia de México. De geografía también, de todo el mundo. Usted pregunta ¿qué no tenemos del sistema de ustedes? Necesitaría saber qué tienen ustedes para comparar”.

-¿Usted no lo sabe?

-No, no muy bien.

-Como pueblo no se mezclan con los mexicanos. ¿Por qué?

-Okey, lo veo… La Biblia no nos prohíbe hacer eso, pero la experiencia nos lo dice, porque ha pasado muchas veces que los matrimonios con culturas muy diferentes no funcionan bien. Tampoco yo lo recomiendo. La Biblia dice que los esposos deben tener la misma creencia.

Fuente: LA JORNADA

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